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sábado 25 de abril del 2026

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Arte que dialoga con la infancia, la calle y la historia: Florencia Díaz transforma muros en territorio de encuentro, identidad y reflexión crítica

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En diálogo con El Nuevo Heraldo, Florencia Díaz destaca que cada mural es una construcción colectiva: jornadas intensas, miradas diversas, aprendizajes compartidos y la alegría de crear algo que permanece en el tiempo y que queda para todos.

Florencia Díaz ha tejido con pinceles y convicción una narrativa profundamente personal. En su regreso reciente a Gonzales Chaves, realizó un mural en homenaje a Malvinas que no solo honra la memoria colectiva, sino también enlaza con su propia historia: la de una joven artista comprometida con el arte público como herramienta de encuentro, reflexión y resistencia. Florencia transita el mundo del muralismo con una mirada sensible y crítica, inspirada por lo cotidiano, por la infancia, por los gestos amorosos y por las plantas espontáneas que crecen sin permiso ni molde. Su recorrido está atravesado por convicciones firmes, responsabilidad social y un profundo respeto por cada espacio que interviene. En esta entrevista, nos invita a conocer su camino, sus inspiraciones, y ese modo tan propio de estar en el mundo: creando desde el afecto, la memoria y la calle:

              Sobre tu historia personal y camino artístico, ¿Cómo descubriste tu vocación por el muralismo? En este sentido, ¿Qué artistas o movimientos influenciaron tu estilo?

              En principio, siempre me gustó mucho todo lo vinculado al arte musical y al arte visual; desde la escuela siempre me llamó mucho la atención, al igual que la materia de Lengua y Literatura. Ya todo iba muy encaminado hacia el arte, como también hacia las palabras, esas palabras que me generaban imagen. En mi adolescencia yo era muy fanática de La Renga, mi banda preferida, y más allá de su música, me gustaban mucho sus discos, las tapas de los mismos y su diseño interior. Recuerdo que un día me regalaron el DVD de La Renga que se llama El Ojo del Huracán, un trabajo que venía con un montón de imágenes incorporadas del recital, de la escenografía, y cuando vi la misma, ambientada como un huracán, donde había rayos y diseños de tormentas, me dije: “Yo quiero hacer esto”. Esto fue como un disparador para buscar el nombre del artista plástico que diseñó esa escenografía, y eso se transformó en la primera curiosidad que me surgió. Luego, por cuestiones quizás más sociales, me fui a estudiar Medicina, donde hice el ingreso y el primer año de cursada… nada que ver, jaja. Pero lo que me pareció muy interesante de la medicina fue el conocimiento que se va adquiriendo, y durante la cursada había una materia que se llamaba Histología, donde se estudian los tejidos de todos los órganos, y puntualmente me gustaba porque, al tener que ver distintos tejidos por el microscopio, se asomaban diversas imágenes hermosas que me generaron el repensar que había algo de lo visual que me atraía mucho y que tenía que prestarle atención. Posteriormente, dejo la carrera de Medicina por un montón de motivos, donde esto también influyó en esa decisión, y ante el momento en el que quiero volver a estudiar y elegir una carrera, empiezo a analizar la oferta académica de la Universidad Nacional de La Plata, donde me termino decidiendo por Artes Plásticas, justamente por todo esto anterior que te comentaba, aunque también me interesaba Trabajo Social,. Cuando efectivamente empiezo a estudiar, tenés que elegir una orientación con la que te recibís, y me pareció que Muralismo fusionaba lo social con el arte plástico. Me conecto por ese lado: el estar en la calle, en contacto con las personas, conectar con lo que pasa en ese contexto, en ese barrio, en ese lugar; elección que termina siendo mi lugar de militancia, por definirlo de alguna manera. Luego tuve otros espacios de militancia, más políticos pero no partidarios, de los cuales estoy muy orgullosa. Pero el Muralismo es mi lugar, el que milito desde siempre. Si bien muchas de mis obras no son literalmente políticas, algunas otras sí, y trato de estar y dar mi visión dentro de lo que puedo. En cuanto a los artistas que me influenciaron está La Renga, como te contaba al inicio, que si bien es una banda musical, tuvo que ver mucho con mis decisiones y elecciones, y luego en la facultad, durante la formación académica, vimos muchos muralistas como Ricardo Carpani (Argentino), Orozco (mexicano), Rivera (mexicano)—que era muy bueno haciendo su arte, pero en sus vínculos con las personas y sobre todo con las mujeres surge una gran contradicción—y también muchos artistas contemporáneos de los cuales hoy soy amiga y los conocí estudiando. Por ejemplo, una artista colombiana que vive en La Plata y firma como Liberté, con la cual pinto; una ceramista que se llama Juliana Di Cosimo; un muralista que firma como Olivo y es mi pareja, y me influenció un montón; y otra muralista argentina que, si bien no tengo vinculo, me encanta lo que hace y firma como Agus Rúcula.

              ¿Cómo fue tu primera experiencia pintando un mural en espacio público?

              Mi primera experiencia fue en la Facultad; si bien no recuerdo mucho, sí tengo presente que eran momentos para compartir entre compañeros de Muralismo. Aunque mi primera experiencia pintando en Chaves, fue cuando estaba en los primeros años de la Facultad de Artes. Con todo ese entusiasmo, pensé y gestioné que mis compañeros de Muralismo viajaran a Chaves para pintar tres murales en el club Otto Ballod, de manera gratuita, solo por el simple hecho de pintar y querer hacerlo. En ese momento, por las ganas de crear compartiendo, surgió hacerlo así. Hay dos murales interiores—uno en un hangar y otro en un espacio de oficina—y otro exterior en el sector de los baños. Hacerlos nos llevó una semana, y además pudimos tener un intercambio hermoso, donde experimentamos el vuelo en planeador y la pasamos increíble. En ese momento, el Muralismo no se conocía mucho en Chaves, era algo novedoso y existían muchas opiniones, algunas buenas y otras no tanto. Por suerte, nos dieron la libertad de crear con una temática asociada al vuelo a vela, y justo coincidimos con el desarrollo de un campeonato de ese deporte, así que fue interesante porque mucha gente pudo vernos pintar. Si bien en el pueblo al principio había una mirada en la cual no se entendía por qué se pintaba o se intervenía artísticamente una pared, hoy por hoy esa perspectiva cambió positivamente. Fue una construcción colectiva que me pone muy contenta.

              Siguiendo la línea de la pregunta, ¿Cómo surge la convocatoria de Agrupación VE.CO.SE, y que significó para vos, plasmar a través del arte, un reconocimiento a los Héroes de Malvinas?

              A mí me venían convocando hace bastante tiempo, especialmente «Tato» Cejas, para pintar algo relacionado con Malvinas. En lo personal, lo que me pasaba con esa temática era una profunda contradicción: no sabía cómo homenajear a los caídos en la guerra sin que se interpretara como una exaltación de un conflicto armado que ocurrió en medio de una dictadura cívico-eclesiástica-militar, donde además de los secuestros, asesinatos y torturas de personas, como última consecuencia también hubo una guerra en la que murió mucha gente, jóvenes. Eso me conflictuaba mucho, y por eso tardé tanto en tomar la decisión. Para mí era muy importante recordar Malvinas, recordar nuestra soberanía, a nuestros soldados que fueron, a todos los que estuvieron, a los movilizados, a los que volvieron y a los que nunca regresaron. Es fundamental mantener viva esa memoria, para que no vuelva a suceder, y reconocer esa lucha con tanta valentía y honor, aunque sin olvidar cómo fue orquestado todo. Finalmente, decidí hacerlo.

A pesar de las dudas iniciales sobre cómo representarlo, le dije a Tato que quería hablar desde la experiencia de ellos, de quienes lo vivieron, y allí encontré una riqueza enorme, con relatos que me impactaron profundamente, como el hecho de enterarse que iban a una guerra en medio del viaje. Por eso, en el mural está presente el recurso de la radio y el diario, como símbolos de cómo se enteraban de lo que estaba ocurriendo estando allá. También quise reflejar a las enfermeras, porque les costó mucho ser reconocidas como veteranas de la guerra de Malvinas por el simple hecho de ser mujeres. Como militante feminista, me pareció esencial que estuvieran representadas; desde mi arte quise aportar ese granito de arena: «Che, las mujeres siempre estuvimos, donde sea.»

              Sobre el muralismo como medio de expresión, ¿Qué creés que puede comunicar un mural que otros formatos no?, En este sentido, ¿Cómo elegís los mensajes o temas que querés plasmar en tus obras?

              En realidad, no creo que haya límites para lo que se puede comunicar; todo puede expresar algo, de formas distintas. Nosotros tenemos la imagen como herramienta de comunicación, lo cual representa un desafío muy grande. Lo que creo que tiene el mural, como mencionaba antes, es esa conexión directa con la calle, con las personas, con el contexto: la gente pasa, comenta, te cuenta algo que le recuerda a su historia familiar, a una vivencia personal, a algo que hizo. Tiene esa riqueza de lo espontáneo, lo compartido. Disfruto muchísimo estar en pleno contacto con ese entorno mientras se crea la obra; son emociones muy lindas que nada tienen que ver con lo que genera pintar un cuadro en casa, por ejemplo. El muralismo tiene un impacto más directo, porque está ahí, frente a todos, es parte del paisaje cotidiano. El mural te encuentra a vos, no necesitás ir a una galería para verlo.

              En cuanto al proceso creativo, ¿Por dónde empezás a planear un nuevo mural? ¿Usás bocetos previos o vas improvisando en el momento?

              Cuando me convocan para realizar un mural, lo primero que considero es si la propuesta se alinea con mi visión del mundo, mi ideología y forma de pensar; no acepto cualquier pedido, porque una imagen pública implica una responsabilidad. En esos casos, intento reflejar lo que me están solicitando, pero siempre desde mi mirada y estilo. Suelo bocetar, explorar ideas, descartar, hacer un fotomontaje para ver proporciones, y luego comienzo con la línea y el color—salvo que el contexto me inspire directamente. Cuando el mural surge desde mí, aparece una primera imagen muy clara, generalmente personajes en escenas breves y cotidianas, como una madre con su hijo en gestos sutiles y amorosos, que me generan lindas sensaciones. También se repite mucho la infancia, el juego, las plantas y flores, probablemente porque me crié en el campo; ese “yuyo” que crece solo me encanta y siempre vuelve.

              A modo de reflexión, ¿Sentís que tu arte ha evolucionado con el tiempo? ¿En qué sentido?

              Sin dudas siento que mi arte ha evolucionado con el tiempo, aunque no sé si podría identificar con precisión en qué puntualmente. Lo que sí noto es que dos caminos se fueron afianzando y están cada vez más presentes en mi obra: por un lado, las breves escenas cotidianas, el gesto simple, íntimo; por otro, los personajes y la infancia, que aparecen una y otra vez con fuerza, como te comentaba anteriormente. Creo que he ido buscando lo que me atrae visualmente y lo que me conmueve emocionalmente, como lo natural, las plantas. Hay algo en las plantas demasiado cuidadas, pensadas para estar en un lugar sin yuyos y con una estética corregida, que no me atrae. En cambio, me conmueve más un patio con flores espontáneas o los bordes de las rutas llenos de follaje y pasto, ese desorden de yuyos que me impacta visualmente y emocionalmente. Me conecta con mi infancia en el campo, con mis abuelos, mis padres; lo bello estaba ahí, en ese lugar donde yo no sabía que un yuyo podía largar una flor hermosa.

              Lo que desees agregar.

              Por un lado, creo que uno pinta porque se le da la posibilidad de hacerlo, sobre todo cuando se trata de un espacio público: que exista una pared y que haya alguien que lo ofrezca es parte de un intercambio, un ida y vuelta. Me gustaría que nos abramos más, que se generen comunidades, y mi forma de hacerlo es desde la calle, compartiendo el momento, pintando con amigos, pidiendo al vecino si me presta un balde con agua o si puede guardar las pinturas, y de repente, entre charla y mate, surgen esos vínculos. Esa es mi manera de construir comunidad. Volviendo al último mural en Chaves, nace una charla espontánea sobre Malvinas; ese tipo de conversaciones surgen naturalmente. Me parece necesario encontrarnos, más aún en estos tiempos duros, crueles, donde la mirada hacia el otro es cada vez más individualista. No creo que ese sea el camino; vivimos en sociedad y nos construimos a partir del otro. Para cerrar, si quieren ver mis trabajos pueden visitar mis redes: en Instagram soy @flore.de.noche y en Facebook, Florencia Díaz. Allí pueden conocer mis obras, pedirme algún trabajo o simplemente conectar. Gracias por darme el espacio para contar mi historia, expresarme y compartir por dónde vengo y hacia dónde voy.

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