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domingo 26 de abril del 2026

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10 de Diciembre: Día del Trabajador/a Social

Entrevista a la Lic. Paula Bermegui en el Día del Trabajador/a Social: Reflexiones sobre una Profesión Transformadora

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Con orgullo, sentimiento y vocación, Paula comparte todo lo aprendido y vivenciado en su ejercicio profesional, ilustrando el impacto y la importancia en la labor diaria.

En el Día del Trabajador/a Social, que se conmemora el 10 de diciembre coincidiendo con el aniversario de la Declaración del Día Universal de los Derechos Humanos, dialogamos con la Licenciada Paula Bermegui. Ella nos cuenta el recorrido construido en una profesión tan representativa. El Trabajo Social es una profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas, teniendo un rol importante en la vida de los niños, las familias y las comunidades que enfrentan adversidades. Paula comparte con orgullo, sentimiento y vocación todo lo aprendido y vivenciado en su ejercicio profesional:

¿Qué te llevó a estudiar Trabajo Social, y como ha sido el recorrido transitado en tu proceso formativo?

              En relación a los motivos que me llevaron a estudiar Trabajo Social, considero necesario contextualizar. Durante esa etapa de mi vida, siendo adolescente y viviendo en la ciudad de San Martín en la provincia de Mendoza, a 40 kilómetros de la capital, donde se encuentra la Universidad Nacional de Cuyo (facultad en la que me formé), recuerdo que inicialmente quería estudiar Psicología. Sin embargo, por factores externos, no pude hacerlo. En esa misma época, asistí a una ExpoEducativa, donde tuve la oportunidad de acceder a información sobre la Carrera de Trabajo Social. Descubrí que esta disciplina incluía una gran cantidad de psicología en su programa de estudios, lo cual me entusiasmó aún más. Además, en ese momento no había mucha información disponible sobre esta profesión, sus objetivos y su significado. Era el año 2013, el año en que me gradué de la Escuela Secundaria, y al año siguiente comencé el preuniversitario. Este cambio de rumbo me permitió encontrar una vocación que combinaba mis intereses.

              En cuanto al recorrido experimentado en mi proceso formativo, puedo decir que tuvo muchos aspectos hermosos y complejos a la vez. Comencé a los 18 años, una edad en la que todavía estaba en proceso de formación en muchos sentidos, y además transitando por la turbulencia propia de la adolescencia. Hubo momentos muy difíciles debido a la exposición a un sistema educativo que a veces no comprende los procesos individuales de sus alumnos y alumnas. Sin embargo, también fueron tiempos muy enriquecedores, que me permitieron conectarme con personas de diferentes lugares, provincias y diversos puntos de Mendoza. Esta diversidad fue crucial y me enfrentó con la verdadera realidad, enseñándome que todos tenemos historias y vivencias distintas, complejas y únicas. En esa época, tampoco se hablaba mucho sobre la ansiedad y los episodios que puede causar. Sin contar con las herramientas necesarias para manejarla, enfrentar una mesa de examen con toda la presión y tensión resultaba un gran desafío. No obstante, y volviendo a lo que mencionaba antes, fue un proceso muy lindo. Conocí a muchas personas, incluidos profesores que fueron más que docentes, y que hasta el día de hoy llevo en mi corazón. Mi formación fue muy variada, incluyendo prácticas en distintos ámbitos que enriquecieron aún más mi experiencia.

              ¿Cambió con el tiempo tu mirada sobre el rol del trabajo social con respecto de lo que pensabas apenas empezaste a estudiar?

              Debo reconocer que con el tiempo, mi perspectiva sobre el Trabajo Social ha cambiado considerablemente, tanto en relación a su papel dentro de las instituciones como al impacto que genera en la vida de las personas. Al principio, lo asociaba principalmente con la idea de ayudar al otro, una visión filantrópica que históricamente se ha vinculado al Trabajo Social. Sin embargo, a lo largo de los años, he llegado a profundizar y problematizar esta visión, comprendiendo que la tarea es mucho más compleja y rica que simplemente brindar ayuda. Ayudar a otros puede hacerse desde muchos lugares, pero el Trabajo Social enfrenta desafíos únicos y significativos que aún no son valorados por la sociedad como debieran.

              Considero que el rol del profesional en Trabajo Social es fundamental en la vida de las personas, ya que no solo implica asistir, sino también resignificar múltiples aspectos de la existencia humana. Este rol abarca desde acompañar a familias, niños, adolescentes, hasta trabajar con el dolor y las frustraciones, tanto de los demás como propias. En este sentido, más allá de cómo ha evolucionado mi mirada, es crucial reivindicar constantemente la labor y el compromiso que tenemos como profesionales desde nuestros respectivos lugares, luchando por un reconocimiento más justo y valorado de nuestra labor, contribución e intervención.

              Hablando un poco sobre tu trayectoria profesional, ¿Qué nos podrías contar?

              Actualmente tengo 29 años y, como te comenté anteriormente, inicié mis estudios universitarios a los 18. Fue un largo proceso de formación, que en teoría debía ser de 5 años de cursada más uno de tesis, pero en lo personal, esta etapa se extendió un poco más y terminé graduándome en el año 2021 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza). Estoy totalmente orgullosa y agradecida por la educación universitaria y gratuita que recibí, ya que sin ella no habría podido acceder a formarme tanto como profesional como en mi desarrollo personal.

              Siguiendo la línea de tiempo, en los dos últimos años de mi carrera realicé prácticas en el mismo espacio institucional para mantener la continuidad y fortalecer ciertos aspectos del abordaje familiar. En ese momento, este ámbito se denominaba OAL (Órgano Administrativo Local), un establecimiento ubicado en la ciudad de San Martín, donde residía en ese entonces. Trabajé con los derechos vulnerados de niños y adolescentes, interviniendo en casos de maltrato infantil, negligencias y abuso sexual, desarrollando mis prácticas formativas durante un año y medio. Posteriormente, continué trabajando como facilitadora comunitaria en el mismo lugar.

              Al recibirme en 2021, me trasladé a vivir a Adolfo Gonzales Chaves, de donde es oriunda mi madre, y comencé a trabajar en marzo de 2022 en el Servicio Local de Protección de los Derechos del Niño. Durante casi dos años, disfruté de este trabajo, abordando realidades muy complejas y duras. Sin embargo, cuando algunas cuestiones se logran resolver de la mejor manera, velando por los derechos de los niños, es lo más significativo que nos llevamos.

              En enero de 2024, comencé a trabajar en el Área Municipal de Igualdad Social, anteriormente conocida como Acción Social, donde actualmente continuo ejerciendo mi tarea profesional junto a un grupo maravilloso de trabajo. Tengo una directora muy compañera que me da la libertad de hacer y proponer. Aunque nuestro trabajo está más enfocado en adultos, abordamos a todo el grupo familiar, siempre intentando fomentar la autonomía de la gente, acompañar, fortalecer lazos, entendiendo que el contexto social, político y económico que estamos atravesando es muy complejo.

              En cuanto al rol profesional, ¿Qué es lo que más te gusta de tu desempeño como trabajadora social?

              Mi Profesión es mi cable a tierra, poder estar en los diferentes barrios, dialogar con las personas, poder acompañar. Lo que más me gusta de mi rol Profesional es justamente eso, poder ser sostén, ser el espacio de escucha de muchas personas que lo necesitan, y que quizás no han sido oídas nunca. Considero que, más allá de la respuesta material que se pueda otorgar desde lo institucional, me doy cuenta que la persona lo que está esperando es ser acompañada, escuchada, que alguien la mira, la vea, se visibilice en la sociedad. En síntesis, siendo que lo más lindo y gratificante se traduce en el poder contener, estar, más allá de las limitaciones que podamos tener por el estado o contexto socio económico bajo el cual estamos inmersos.

              En relación al Estado, ¿Qué pensás acerca de su intervención en las problemáticas sociales?, siguiendo la línea de la pregunta, ¿Sentís que las políticas sociales son medidas de institucionalización que responden a las necesidades de la sociedad sin caer en el asistencialismo?

              En relación al rol del Estado, vuelvo a ser reiterativa quizás respecto al contexto cruel y hostil que estamos atravesando como sociedad, donde prima el individualismo. En esta realidad, siento que el Estado está queriendo retirarse y tomar distancia cada vez más. Por otra parte, estamos quienes resistimos y luchamos para que el Estado continúe presente, ya que su presencia es fundamental para aportar en las intervenciones y brindarnos herramientas a los profesionales para mejorar la calidad de vida de las personas.

              A pesar de lo difícil que es hoy sostener algunas cuestiones relacionadas con esto, en Adolfo Gonzales Chaves tratamos todos los días de ponerle el cuerpo como Estado, porque también nosotros mismos somos parte de ese aparato estatal, empujando e intentando hacer algo. Firmemente considero que es el Estado nacional el que debe propiciar políticas públicas que acompañen y den respuesta a las necesidades y demandas del pueblo, generando mayor equidad en un mundo que claramente es muy desigual.

              En cuanto a las políticas sociales, creo que se intenta desde múltiples frentes no caer en un mero asistencialismo. No obstante, hoy en día, lamentablemente, creo que ese asistencialismo en ciertas ocasiones es necesario porque el plato de comida en las casas tiene que llegar, y tiene que ser hoy; hay cosas que no pueden esperar. Sin embargo, se trabaja y lucha por sostener y acompañar a las personas, tanto desde el trabajo diario en las conversaciones que se tienen con ellas, tratando de que entiendan que no es uno como profesional quien pone la directiva o simplemente les brinda un bolsón de alimentos, sino en construir conjuntamente, crear un vínculo y generar ciertas condiciones que permitan una mejora sostenible en el tiempo, ya sea a través de la inserción laboral, aunque desde el área sabemos que es muy difícil acceder a un trabajo bien remunerado. A pesar de esto, siempre se apunta a que las personas logren trabajar a través de un fortalecimiento, y que el día de mañana puedan ser absorbidos por el mismo Estado Municipal o conectados con otros ciudadanos  que puedan emplearlos. Estas son precisamente las cosas que uno intenta abordar y potenciar, acompañando y construyendo para que las gente pueda problematizar sobre sus propias situaciones y organizaciones de vida.

              Sumando a la pregunta anterior, si tuvieras que ser crítica con la profesión, ¿Qué señalarías?

              Considero que hay muchas cuestiones que, desde la profesión, podemos mejorar tanto a nivel personal como profesional. En relación al Trabajo Social, creo que aún hay ciertos ejes que deben reforzarse, especialmente en la formación de los y las profesionales. Al ser una disciplina tan amplia y abarcativa, es posible especializarse en alguna orientación puntual, pero es crucial que cada profesional no se quede únicamente con lo aprendido. Es fundamental entender que estamos en constante evolución, y esto no es ajeno a nuestra profesión. Esta realidad nos obliga a seguir profesionalizándonos, adquiriendo nuevas herramientas para mejorar nuestro ejercicio profesional, y tomando tiempo para cuidarnos cada vez más a nosotros mismos. Es importante ser conscientes de esto, ya que en el día a día nos enfrentamos a múltiples cuestiones y cada situación es particular y tiene sus propios estresores.

              ¿Algún mensaje que desees agregar?

              Por último, quiero transmitir, en primer lugar, un muy feliz día a todas y todos mis colegas. Quisiera continuar sosteniendo el mensaje de que debemos resistir y seguir luchando, sin bajar los brazos frente a estos contextos duros y dolorosos que estamos viviendo. Asimismo, debemos seguir trabajando y luchando para que el Trabajo Social como profesión sea valorado, ya que siento que, lamentablemente, aún no estamos en un momento donde haya sido reivindicado y reconocido como una disciplina válida y compleja. No obstante, hemos conquistado muchos derechos, así que debemos continuar por ese camino. Agradezco a todos y todas los trabajadores y trabajadoras sociales que he conocido en mi recorrido y que han sido grandes compañeros, profesores y amigos. Especialmente, quiero mencionar a un docente que luego se convirtió en mi director de tesis, el Sr. Sergio Reynosa, de la provincia de Mendoza, una gran persona de la cual he aprendido muchísimo y con quien aún sigo en contacto. Esta profesión tiene estas particularidades: tejer redes territoriales, seguir generando redes interinstitucionales y, sobre todo, aprender del otro.

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