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sábado 25 de abril del 2026

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Vocación y compromiso

Ludmila Durrels comparte aprendizajes y desafíos del Trabajo Social, subrayando la importancia de la constancia, sensibilidad humana y trabajo interdisciplinario

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Habiéndose conmemorado el pasado 10 de diciembre el Día del Trabajador y Trabajadora Social, Ludmila destacó en diálogo con El Nuevo Heraldo la vocación, la empatía y el compromiso que sostienen la profesión, a fin de acompañar realidades diversas y fortalecer la inclusión.

              El 10 de diciembre reúne dos conmemoraciones de gran importancia: el Día de los Derechos Humanos y el Día del Trabajador y Trabajadora Social. Ambas fechas resaltan la tarea de quienes, desde su rol profesional, trabajan por la dignidad y la inclusión de las personas. En diálogo con El Nuevo Heraldo, la Lic. Ludmila Durrels comparte su experiencia y reflexiona sobre los aprendizajes y desafíos de la práctica cotidiana, haciendo hincapié en que la vocación por la profesión es lo que sostiene la constancia y el compromiso, en un rol que se apoya en la empatía, el cuestionamiento permanente y el trabajo en red, para acompañar realidades diversas y fortalecer la inclusión desde la construcción colectiva:

Para comenzar, ¿Cuál consideras que ha sido el mayor aprendizaje en tu recorrido profesional?

              Al llegar fin de año suelo detenerme a realizar un balance de lo vivido y trabajado, especialmente en el plano profesional. Ese ejercicio de autoevaluación me permite repensar qué objetivos me propuse y logré, cuáles quedaron pendientes y, sobre todo, en qué aspectos puedo mejorar. En mi caso, trabajar en educación y mantener un vínculo cercano con los estudiantes y sus familias ha sido la fuente de mayor crecimiento, porque cada historia y cada experiencia de vida me aportan herramientas para desarrollarme tanto en lo profesional como en lo personal. Esa interacción cotidiana me enseña a reconocer la particularidad de cada persona y a evitar generalizaciones al momento de abordar una realidad. La profesión me ha llevado a pensar y repensar constantemente mi práctica, a romper prejuicios que muchas veces surgen de manera inconsciente y a construir una mirada más integral que también traslado a mi vida cotidiana. Es un trabajo interno y permanente, que se renueva día a día. En la práctica profesional, comprender cada contexto me brinda disparadores para decidir cómo acompañar y orientar, buscando siempre generar cambios positivos para el bienestar de quienes tengo a cargo. Soy consciente de que existen realidades complejas y difíciles de resolver, que requieren tiempo y paciencia, pero también sé que la intervención social se sostiene en el acompañamiento y la orientación, siempre en pos del desarrollo de la persona, en mi caso de los y las estudiantes y sus familias.

Desde una mirada más macro, y en base al contexto social actual, ¿Cuáles son los mayores desafíos a los que se enfrenta la Profesión?

Nuestro ejercicio profesional siempre fue un desafío y hoy continúa siéndolo. En la convivencia social actual se percibe una pérdida del vínculo, una ruptura en las relaciones entre los seres humanos, que ha transformado la manera en que nos conectamos y, muchas veces, deriva en formas violentas. Por eso resulta fundamental, desde el rol profesional, repensar estas dinámicas, replantearnos cómo nos relacionamos y buscar resignificarlas. Estos cambios en la construcción de nuestra identidad a partir del otro no solo están asociados a las necesidades socioeconómicas con las que convivimos diariamente, sino también a la gran influencia de los medios de comunicación, especialmente la tecnología. En mi caso, al trabajar con jóvenes, esta realidad se refleja con claridad: muchas veces los y las estudiantes se comunican a través de aplicaciones mientras comparten físicamente un aula, lo que evidencia una forma distinta de vincularse. A su vez, las redes sociales facilitan el acceso a videos y contenidos violentos que no están regulados y que comienzan a consumirse desde edades muy tempranas, generando estímulos negativos en los niños, niñas y adolescentes. Por ello, desde mi intervención profesional, y junto con el equipo de trabajo de las Instituciones de las que formo parte, siempre tratamos de buscar nuevas herramientas para abordar estas formas de comunicación y despersonalización, con el objetivo de prevenir situaciones de riesgo. Sin embargo, esta tarea es compleja, porque en algún momento el niño o adolescente se retira de la escuela y regresa a su realidad cotidiana, donde se pierde el control sobre esas conductas. De allí surge la importancia de trabajar de manera constante con las familias, integrándolas en este encuadre, para sostener un acompañamiento que permita repensar los vínculos y favorecer el desarrollo de los jóvenes

Siguiendo la línea de la pregunta anterior, ¿Qué impacto tienen las políticas sociales actuales en tu trabajo cotidiano?

              En principio considero que son paliativas. Creo que, si bien es necesario asistir situaciones sobre lo inmediato, es fundamental que eso también vaya acompañado de políticas de Estado socioeducativas que generen personas críticas, pensantes y que promuevan recuperar el rol productivo. Si bien los recursos asistenciales ayudan a paliar situaciones de emergencia y de vulnerabilidad, falta quizás reforzar en ese otro aspecto que te decía: que las personas puedan recuperar la confianza en su capacidad de hacer, de construir, que puedan valorarse y sentirse valoradas. Más allá del acompañamiento institucional que existe, es importante y ayuda, pero resulta crucial que ese recurso, además de responder a la necesidad inmediata, también permita tener una proyección de vida. En nuestro caso, desde el Equipo de Orientación Escolar trabajamos en la línea de orientación para la educación y el trabajo, política pública destinada a favorecer el desarrollo personal de cada estudiante. Este acompañamiento se realiza considerando su situación particular, sus intereses y sus posibilidades socioeconómicas, con el propósito de brindar herramientas que fortalezcan su trayectoria educativa y laboral.

Sobre la práctica cotidiana, ¿Dónde estás actualmente desarrollando tu ejercicio profesional? En este sentido, ¿Cómo logras equilibrar lo puramente técnico con la sensibilidad humana en su trabajo?

              Como te decía antes, trabajo en educación en el Centro Educativo Complementario y en la Escuela Secundaria N°3, formando parte de los equipos de Orientación. En relación a lo que me preguntas, la verdad es que no resulta sencillo separar lo personal de lo profesional, ya que es un trabajo cotidiano. Con los años de ejercicio profesional uno va fortaleciendo la parte emocional: es una práctica y un aprendizaje constante, que implica aprender a posicionarse frente a una situación o problemática y poder trabajar junto al equipo de conducción y a los compañeros sobre la realidad de los y las estudiantes y su entorno familiar, procurando que no me afecte demasiado para lograr mejores resultados con la mayor objetividad posible. Obviamente somos humanos y las realidades nos atraviesan, pero con el tiempo se aprende a manejar esas emociones. Sin embargo, lo subjetivo siempre está presente e influye, aunque se intente mantener un equilibrio.

Teniendo en cuenta que el día del Trabajador Social se conmemora el mismo día que los Derechos Humanos, ¿De qué manera la profesión contribuye a garantizar derechos y fortalecer la inclusión?

              Yo creo que la profesión aporta mucho, principalmente desde la empatía, porque trabajando desde ese lugar siempre se logra algo, y estoy convencida de ello. Desde nuestro rol, somos mediadores entre el Estado y las necesidades de las personas, lo que muchas veces nos convierte en portavoces de sus problemáticas y nos impulsa a gestionar en defensa de sus derechos. El trabajo social implica un involucramiento directo con las distintas realidades y problemáticas sociales: vamos a las casas, recorremos, escuchamos; no se trata solo de elaborar un informe institucional. La voz del trabajador social es fundamental porque visibiliza aquello que muchas veces permanece oculto y permite que esas realidades sean reconocidas. Además, el trabajo social contribuye a fortalecer la inclusión y la equidad, trabajando diariamente para promover que cada persona pueda acceder a sus derechos y participar activamente en la sociedad.

¿Algún mensaje que desees agregar?

              En principio, quiero saludar a todas y todos los colegas en nuestro día, y reafirmar la importancia de seguir por este camino de defender y valorizar el rol profesional. Un rol que se sostiene en la empatía y en la convicción de que siempre podemos aportar constructivamente. Nuestro trabajo también es el cuestionamiento, y por eso debemos ejercitarlo: cuestionarnos, no quedarnos con lo que ya está dado, repensar nuestra práctica e intentar verla desde otra perspectiva. Las realidades sociales cambian constantemente y nos desafían a acompañar y defender los derechos de las personas. Como te comentaba antes, este camino se transita articulando y trabajando en red, porque muchas veces nos toca abordar realidades muy complejas donde la interdisciplinariedad resulta fundamental. Escuchar, enriquecernos mutuamente y aprender de otros nos fortalece. Sigamos por ese lugar: el de la empatía, el compromiso y la construcción colectiva, porque allí es donde nuestra profesión encuentra su verdadero sentido.

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