En alusión al Día Mundial del Entrenador de Fútbol, reconocido el pasado 13 de mayo, El Nuevo Heraldo dialogó con Ignacio “Nacho” Milla, actual Preparador Físico de primera y reserva y entrenador de todas las categorías de inferiores del Club Huracán Ciclista de Adolfo Gonzales Chaves. Con una trayectoria que comenzó en 2017 y se consolidó en las divisiones juveniles y Primera, Milla analiza el balance institucional del Club, la construcción de un equipo sólido y el rol del entrenador como referente deportivo. Su recorrido, acompañado de proyectos personales de formación académica y técnica, refleja la búsqueda constante de crecimiento profesional y la pasión por el fútbol como motor de desarrollo:
Para comenzar, en relación a tus Inicios en el fútbol, ¿Cómo fueron tus primeros pasos como entrenador y qué te motivó a dedicarte a esta profesión?
Allá por los años 2017/2018 me sumé al Club gracias a “Cucho” Jaureguiberry, con quien ya había trabajado en la pileta. En ese momento me encontraba estudiando la carrera de Educación Física y, en 2020, tuve la suerte de recibirme y comenzar a trabajar, complementando mi profesión con el fútbol, deporte que inicié en el Club San Martín. Al recibirme, empecé en el Club Huracán trabajando en la Escuelita con los más chicos durante aproximadamente dos años, hasta que nuevamente, por medio de “Cucho”, me incorporé a las divisiones inferiores, en una categoría que necesitaba gente. Ese fue mi inicio como entrenador, en un contexto donde el Club todavía estaba algo desorganizado. La llegada del “Chaqueño” Bermegui como DT marcó un punto de inflexión, ya que a partir de entonces todo comenzó a ordenarse. Siempre les cuento a los chicos de hoy que no vivieron aquella época, de cuando entrenábamos con muchas carencias, incluso de noche sin luces, mientras que ahora cuentan con pelotas, materiales y recursos que antes no existían. Hoy en día la institución dispone de un gran número de herramientas, infraestructura y personas que trabajan incansablemente por su crecimiento.
Cabe destacar que con la llegada de Juan Bermegui al Club comencé a enfocarme más en la preparación física de los jugadores de Primera. Permanecí un año en Juveniles y, posteriormente, por cuestiones externas, tuve la oportunidad de acceder a otro empleo que me resultaba más conveniente en ese momento, lo que me llevó a delegar parcialmente mi rol en la preparación física y regresar a la Escuelita. Al año siguiente, en 2023, retomé nuevamente la labor en Primera, ya con una organización más sólida. En ese período iniciamos con tres categorías (Sub 13, Sub 15 y Sub 17), y el año pasado incorporamos una más, alcanzando cuatro divisiones. Actualmente, en general, existen cinco categorías, lo cual representa un número significativo para Chaves: nosotros contamos con cuatro, San Martín también con cuatro e Independencia con cinco, un hecho relevante en términos deportivos para la localidad. Este año, además, decidí retomar los estudios: estoy realizando el Curso de Técnico, una Diplomatura en Alto Rendimiento y, a la vez, finalizando la Licenciatura en Educación Física, con el objetivo de reforzar conocimientos, sumar herramientas y seguir creciendo en lo que hago, que es lo que me apasiona.
Yendo más a la Formación de jugadores: ¿Qué aspectos consideras más importantes en la formación de un futbolista joven: la técnica, la táctica o la mentalidad?
Depende de varios factores. En Primera me concentro principalmente en lo físico, mientras que Juan Bermegui aporta en otros aspectos y nos brinda una gran ayuda. En inferiores, donde estoy más a cargo, buscamos trabajar de manera integral: lo físico y lo técnico son fundamentales, y lo hacemos diariamente sobre esos ejes. Somos exigentes con la asistencia, aunque si algún jugador falta por algún motivo tratamos de recuperar y compensar luego. Por suerte, los chicos muestran un gran compromiso con el equipo y el Club, lo que nos permite entrenar de lunes a viernes. También considero importante destacar que cada vez más jugadores concurren al gimnasio, lo que influye obviamente en la dinámica de trabajo y en la reorganización, especialmente en el rol del Profesor de Educación Física: Ariel Larre con los más grandes y Nicolás Pirosanto con los más chicos.
Focalizando la atención en Huracán, ¿Cuál es tu filosofía de juego y cómo la transmitís y adaptas según los rivales? Siguiendo la línea de a pregunta, ¿Cómo manejas la diversidad de personalidades dentro del equipo para mantener la armonía y la motivación?
Nosotros tenemos la filosofía de jugar de la misma manera en todas las canchas, algo que se instauró desde la llegada de Juan (Bermegui). Esa idea comenzó en Primera y luego se transmitió a los más chicos, de modo que, cuando alcanzan a competir con los mayores, lo hacen de forma similar, considerando las condiciones físicas de cada uno y las diferencias propias de la edad. Además, utilizamos un sistema táctico 4-4-2, que puede ajustarse en ciertos detalles según el campo o el rival, pero sin modificar la esencia del estilo de juego.
En cuanto a la motivación y la confianza, siempre recordamos una frase mencionada por Cristian Rabas Acuña, quien fue preparador físico del Club: “Ganar después de ganar”. En Primera llevamos tres años consecutivos ganando con muy buen rendimiento y este año buscamos repetirlo, transmitiendo esa seguridad a los chicos. También trabajamos la frustración ante un mal resultado, enseñándoles que disponemos de tiempo para analizar errores, corregirlos y volver a empezar desde cero. No nos derrumbamos, sino que entrenamos nuevamente con la idea de mejorar. El fútbol ofrece revancha cada fin de semana: se pierde un partido y enseguida llega otra oportunidad. Respecto a la diversidad de personalidades, logramos acuerdos sin dificultad; aunque puedan existir pensamientos distintos o alguna disconformidad, en definitiva todos tiramos para el mismo lado.
Si vamos a un momento clave, ¿Cuál consideras que fue el partido o la temporada que marcó un antes y un después en tu carrera?
Sí, totalmente. En el año 2024 se dio una situación en inferiores: habíamos terminado primeros durante toda la temporada en una categoría muy buena, y en la instancia decisiva se enfrentaban los cuatro mejores, todos contra todos. Nos tocó jugar contra un equipo, que era el cuarto, y perdimos en una cancha complicada. Fue una derrota marcada por errores propios, pero también por algunas situaciones como patadas y agresiones que excedieron lo futbolístico. Después de ese encuentro me fui preocupado, con impotencia, sintiendo que quienes debían impartir justicia no lo hicieron, y teniendo en cuenta que eran chicos. Ese partido me quedó grabado porque se jugó como una final de Primera, con una intensidad desmedida. Con el tiempo entendí que los partidos son así, pero en ese momento percibí algo más allá de lo deportivo. Aun así, me dejó un aprendizaje: al principio estaba frustrado, incluso al punto de no presentarme al Regional en Liniers al día siguiente. Sin embargo, el fútbol eso: se gana jugando bien, se gana jugando mal, o se pierde de distintas maneras. Esa experiencia la uso como ejemplo con los chicos, no solo para enseñarles a levantarse y seguir, sino también para remarcar la importancia de controlar lo emocional al competir, sobre todo frente a las presiones externas que aparecen al entrar a la cancha.
Haciendo referencia al rol del entrenador, ¿Cómo definís tu papel dentro de la institución más allá de lo deportivo? En este sentido, ¿Cuál fue el mayor desafío que tuviste que superar en tu función como tal?
Justamente el año pasado ocurrió que Cristian Di Rocco dejó de ser entrenador y, ese mismo día en que nos informaron la noticia, también se comunicó que yo iba a quedar a cargo. En ese momento la realidad era que no me sentía preparado para asumir semejante responsabilidad, más allá de que hoy considero que cuento con otras herramientas, porque se trata de una carga muy grande, especialmente teniendo en cuenta que el Club viene de ser campeón tres años consecutivos. En otro equipo no tendría inconveniente, aunque igualmente sería un compromiso enorme que no sé si estaría dispuesto a tomar, pero me gustaría. Aquella situación me marcó demasiado: por un lado no me sentía capaz, pero por otro no podía decirle al Club que no. Fueron días movilizantes, en los que estuve al frente hasta que Juan Bermegui regresó al cargo. Mientras tanto, yo ya me iba mentalizando en que había que trabajar y seguir adelante, y por suerte los chicos lo entendieron, lo que me ayudó mucho. Durante esos días seguí la línea de trabajo del “Chaqueño”, con los mismos conceptos, porque compartimos formas similares de pensar y planificar, y también con la certeza de que, si Juan volvía, no iba a ser una semana perdida sino una semana de trabajo normal. El grupo siempre supo seguir adelante más allá de la situación y de los cambios.
Con proyección a futuro, ¿Cuál es el objetivo que todavía te queda por cumplir como entrenador?
En lo personal siento que he logrado un buen trabajo en juveniles y me gustaría sostenerlo, aunque no sé por cuánto tiempo, porque también pienso que debería probar otras experiencias dentro del fútbol. Obviamente tengo muchas cuentas pendientes y uno de mis grandes sueños es llegar a algún Club de AFA, ya sea en infantiles, juveniles, primera o reserva, algo que me encantaría y para lo cual me estoy formando. A principios de este año, un club de Buenos Aires solicitaba currículums para cubrir funciones como preparador físico; envié mi documentación en enero y, al mes siguiente, casi en marzo, me respondieron que querían tener una reunión conmigo. En ese momento estábamos trabajando intensamente en el Club y no podía viajar, por lo que planteé la posibilidad de un encuentro virtual, pero no fue posible. De todos modos, me dijeron que me tendrían en cuenta, y esa situación fue un disparador que me demostró que nada es imposible. Creo que con las redes sociales todo está más cerca, la comunicación es distinta y el contacto resulta más directo. Justamente este es el aspecto que más disfruto: ser entrenador y trabajar desde lo táctico y lo técnico, aunque la preparación física también me interesa. Uno, después de jugar al fútbol, siempre sueña con seguir vinculado a este deporte desde otro lugar, y por suerte tuve esa posibilidad. El Club Huracán me está dando una gran mano y gracias a eso hoy estoy viviendo prácticamente lo que es el fútbol, estudiando cosas que me van a servir el día de mañana para crecer en este deporte, como te contaba antes.
En función a lo que nos venís contando, ¿Cambia tu mirada respecto de lo que es el futbol ahora que lo podes observar desde otro lugar?
Sí, claramente. Cuando era jugador solía tener reacciones como enojos, frustraciones o emociones potenciadas al triple. Hoy, desde este lado, puedo ver y comprender muchas cosas del futbolista: entender por qué se toman determinadas decisiones, como sacarte de un partido, y también reconocer la necesidad de escucha y acompañamiento que el jugador requiere frente a las presiones que atraviesa. Esa mirada distinta me permite valorar más el rol y la importancia de sostener al jugador no solo en lo deportivo, sino también en lo emocional.
Algún mensaje que desees agregar.
Primero quiero agradecer a toda la comunidad, ya sea hinchas de San Martín, Ciclista o Independencia, porque hoy en día veo que la gente se está acercando nuevamente a los clubes, algo que hacía años no pasaba. Se nota en la cancha, en los chicos que se suman a las actividades y en el compromiso que ayuda a que las instituciones crezcan. Ciclista, por ejemplo, ha evolucionado mucho no solo en lo institucional, sino también en materiales, recursos e infraestructura, contando incluso con un gimnasio. San Martín pudo armar una canchita y está buscando un terreno para una auxiliar, mientras que Independencia ha ordenado todo su espacio para un mejor funcionamiento. Por suerte, los clubes y quienes los conducen han entendido que muchas veces es más importante trabajar con juveniles y chicos que querer ganar algo inmediato con Primera: uno tiene que empezar desde abajo para terminar bien arriba, y el tiempo es el que dará los resultados. Obviamente, agradezco al Club Huracán que me ha acompañado tantos años, brindándome oportunidades y satisfacciones, a todos los jugadores de todas las categorías que son los partícipes fundamentales de esto, ya que gracias a ellos nosotros podemos seguir exigiendo día a día, y extiendo ese agradecimiento a mi familia, que siempre me apoya en cada decisión: mi papá y mi mamá, que me acompañaron a todas las canchas, más allá de que mi «viejo» sea de Independencia y hoy no va tanto a la cancha jaja; mi hermano, a quien hoy me toca dirigir, siempre separando lo familiar del trabajo; y mi novia, que está presente en cada paso, sosteniéndome incluso en los momentos de enojo o desánimo. Finalmente, un reconocimiento especial a Juan Carlos Bermegui, que siempre me ha dado una mano, aconsejado, y para mí es el mejor.
FOTOS DEL ENTRENAMIENTO (Gentileza Rocío Di Rocco)









